MÁS ALLÁ DE LA MENTE
Mateo es todo un hombre. Tiene brazos fuertes, grandes; su cuerpo es enorme. Su rostro es como el de cualquier adolescente, cubierto de barros, espinillas y algunas barbas prematuras. Aunque tiene 16 años, en su mente aun son importantes los juegos del escondite, la tiene y las canciones infantiles. Mateo todavía le teme a los gritos, la violencia y la oscuridad, cuando esto ocurre se esconde detrás de las paredes para llorar en silencio. Mentalmente Mateo tiene 10 años de edad…
Mariana es una niña extremadamente dulce. Es pequeña, frágil, casi no llora. Tiene un rostro pulido con ojos enormes, rasgados, tan claros que casi toman una coloración gris. Ella canta, baila y corre de un lado para otro, recitando canciones y sonidos indescifrables a todo pulmón. Trata de conversar mucho con sus amigos y compañeros, les sonríe demasiado, y cuando estos no le entienden su mensaje, ella los abraza y les llena las mejillas con besos delicados. Mariana tiene el Síndrome de Down.
Ambos son atendidos en El Centro de Atención Integral a Las Personas con Discapacidad, creado por la Dirección Local de Salud y las Secretarías de Educación y Salud de El Carmen de Viboral en convenio con El Colegio Nuevo Horizonte de la vereda La Chapa.
Desde la Secretaría de Salud, este centro es el espacio para generar una efectiva inclusión social de la población discapacitada en el municipio, pues se les da la oportunidad de acceder a una nueva metodología de educación que – a diferencia de los colegios ordinarios- realment
e aporten a su desarrollo intelectual, físico y emocional.
En el centro se desarrollan múltiples actividades destinadas a mejorar las condiciones de quienes participan de estos talleres de formación y capacitación. En el caso de los adultos, dirigidos por Secretaría de Salud, se realizan actividades artísticas y pedagógicas con organizaciones sociales y culturales del oriente antioqueño como lo son: Imdeportes, Salud Mental, Crisálida, Club Rotario y El Instituto de Cultura El Carmen de Viboral.
La población infantil, en cambio, es dirigida por la Secretaría de Educación del municipio. Allí se desarrollan actividades de razonamiento y desarrollo motriz, al igual que talleres con padres de familia destinados a capacitarlos en temas de cuidados especiales, relaciones personales y estimulación, y en los que se busca hacerlos participes activos del proceso de desarrollo de sus hijos.
Sin embargo, este grupo no puede desarrollar actividades artísticas y recreativas, al igual que el grupo de adultos, pues los recursos con los que cuenta son demasiado reducidos. Es más, en ocasiones las docentes del lugar deben gestionar de su propio bolsillo el material didáctico para trabajar con los niños, y así estimular y fortalecer su proceso de formación.
Shirley Johana Pérez, fisioterapeuta del centro, afirma que esta problemática se debe a que “todas las actividades que se realicen deben estar avaladas por la Secretaría de Educación, desde el principio del año se debe pasar un presupuesto que incluya todas las actividades y materiales que requieran los talleres; lastimosamente nuestro taller empezó ya muy avanzado el año escolar.”
No obstante, el taller de niños continúa liderando actividades a favor de niños en situación de discapacidad como Erika y Brian. Erika tiene 18 años. Es una joven de piel blanca y pecosa, de estatura pequeña y cabello rubio. Su ropa no obedece a las imposiciones actuales de la moda, consta únicamente de una sudadera colorida, amplia e impermeable, que combinada con un saco de lana desgastado le resulta útil para realizar el trabajo que ha heredado de familia y dice realizar con orgullo: Ser recicladora.
Pero su oficio y su condición social no le impiden relacionarse con personas de otros niveles económicos y sociales, incluso su forma de ser intempestiva hace que quienes la conozcan inmediatamente le tomen un inusual cariño. De hecho, su mejor compañero en el centro es Brian un niño de mejor estrato económico que depende casi totalmente de ella para movilizarse por las rampas y pasillos del centro, pues aunque “tiene retraso mental leve, su principal limitación es que poco a poco ha ido perdiendo la visión”, afirma Shirley Pérez.
Erika a diario se preocupa, casi de una forma maternal, por el bienestar de Brian. Le lleva el almuerzo hasta donde él la espera pacientemente, lo lleva cuidadosamente del brazo mientras sostienen conversaciones de sí o no. No obstante, el momento que al niño más le gusta es cuando la rubia “lo saca al solecito”, como ella misma afirma, pues simplemente a Brian no le gusta el frío que hace en el lugar.
La verdad entre estos niños no existen los prejuicios sociales, las limitaciones físicas… Ellos son la muestra fiel de que la discapacidad no es una barrera para el aprendizaje, y más aún de que se puede ser niño infinitamente si todavía se sabe soñar y sonreír.
Al final de la jornada la juguetona de ojos grises es disminuida por el sueño del medio día, el niño de brazos enormes sale por los corredores del sitio de la mano de su mamá, Brian fija sus ojos hacía el suelo infinito, parece inmóvil; y en la calle la rubia busca apresurada una botella que reciclar.
Lizeth Daniela Ramírez
Comunicación Social y Periodismo Nivel 4
Universidad de Antioquia Seccional Oriente
