martes, 8 de septiembre de 2009

Amores Prófugos

Se escondían entre los callejones oscuros del pueblo para besarse, para rosarse el cuerpo y sentir el éxtasis del sexo mezclado con el amor. Temían que algún conocido suyo los descubriera…y por tanto publicara a todo el pueblo la intimidad presenciada en ese lugar. Juan y Sebastián, tenían miedo de sus familias, y, aún, de ese extraño y placentero sentimiento que los había llevado a estar allí.
Juan fue homosexual desde niño. Mientras observaba como su padre -un hombre alcohólico y machista- daba malos tratos a su madre, mitigaba su enojo escuchando a Shakira en la cera de su casa; lugar al que un día llegó Jhon Fredy, un vecino suyo que seducido por la forma en que el niño imitaba a la cantante en sus movimientos, decidió proponerle “dejarse querer” por un rato en el cuarto atrás de su casa.
Durante tres años Juan se dejó querer en el cuarto de atrás, durante las largas mañanas en que la esposa de su amante se iba a trabajar; anhelaba la seducción apresurada del hombre, el placer que sólo ese sexo adulto le brindaba, y cómo éste había llegado a deformar su inocencia…Era feliz pues así había aprendido las leyes del amor antinatural.
Sebastián en cambio descubrió este sentimiento años más tarde, cuando encontró a Juan en una concurrida discoteca de la Zona Rosa de El Carmen de Viboral, un municipio del oriente antioqueño. Allí Sebastián se inmovilizó con los movimientos exorbitantes que aquel hombre mestizo y de huesos marcados, producía con sus caderas, e inmediatamente se cautivó de la pasión inconfundible con que Juan movía sus manos largas y saturadas de manillas al son de la música electrónica.
Lo observó toda la noche. Hasta que con una mirada desafiante tomó a Juan de un brazo y lo llevó hasta el baño de hombres de la discoteca. Allí lo besó profundamente sin recibir resistencia por parte de Juan. Se besaron como lo hacen dos novios recientes; como si no les importara lo que podría pensar el Vaticano sobre ellos, o las leyes que a favor de ellos se estuvieran promoviendo en el congreso de la república, se besaron sin prestarle atención a rol masculino o femenino… Bastaba solamente el hermafrodismo característico de aquel instante.
Desde ese día fueron amantes en secreto. Se tomaban de la mano en las calles menos transitadas y tomaban los momentos de risa como una excusa para abrazarse tímidamente. Ambos se preguntaban cómo demostrarse amor mientras caminaban en pueblo conservador y extremadamente respetuoso de las disposiciones católicas, y cómo no hacerlo enfrente de personas que pudieran descubrir su juego de amor, sin salir lastimados.
Empezaron entonces a amarse con ferocidad en la sala deshabitada de la casa, a acudir a las terrazas del barrio para entregarse las cartas y rosas de amor, a camuflar sus sentimientos en las palabras sin eco, a prometerse fidelidad permanente con la simple expresión de su mirada…
Decidieron esconder su amor de todos los señalamientos que pudieran dañarlo, comportándose como amigos distantes y secos en los parques, creando novias hermosas que permitieran describirse el uno al otro sin ser descubiertos… amándose fugazmente en los callejones oscuros de El Carmen de Viboral.



Lizeth Daniela Ramírez
Comunicación social Periodismo Nivel 4
Universidad de Antioquia Seccional Oriente

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